Hacía ya mucho tiempo que no pensaba en morir. Las últimas tres semanas no han sido fáciles. Levantarme de mi cama supone gran esfuerzo. Ella quiere disfrutar la compañía ajena, pero yo ya no puedo. No creo que haya nada mal en mí, sólo me siento triste. Triste y rodeada de ruido. No entiendo porque hay tanto ruido. No puedo dormir. No quiero vivir. La vida ya no me satisface. Mirar no me place como lo hacía antes. La presión sobre mi pecho es tan fuerte que a veces me cuesta respirar.
Lo he imaginado vívidamente. Morir en estas cuatro paredes. Morir. ¿Qué se siente morir? No sé qué me impulsa a ello. Si sólo estoy cansada o sólo soy curiosa.
La vida es cada vez más pesada y el mundo real más cruel con todos nosotros. ¿Me duele vivir? No, me cuesta vivir. Tengo pereza de la vida. No disfruto perder el control. Quiero estar afuera pero no soporto estar afuera. Quiero estar con ellos pero no soporto estar con ellos.
Esto me calma. Pensar.
Pero ya no puedo pensar como solía hacerlo. Me he vuelto estúpida con el tiempo. Ahora sólo soy un pez pequeño. Siempre lo supe, pero ellos no.
Hay cosas que pronto se acabaran que me hacen ilusión. Cuando acaben, ¿qué será de mi ilusión?
¿Qué es lo que necesito? ¿Empezar de nuevo? ¿Empezar de nuevo mil veces? ¿Empezar de nuevo cada vez?
Quiero una nueva vida. En otro lugar. Con otras personas. Con otros ojos.